Alberto Quian.
Un estudio del Instituto Worldwatch (Estados Unidos) nos alerta de que el clima global sólo se salvará si se logra absorber más dióxido de carbono (CO2) del que se emite de aquí al año 2050; en caso contrario, el cambio climático será "catastrófico", se enfatiza.
Para dar un vuelco a la crítica situación del Planeta, el informe señala como prioridades adoptar tecnologías renovables y asentar nuevas formas de vida más eficientes.
Otro estudio publicado por Global e-Sustainability Initiative (GeSI), SMART 2020, en el que han participado los más importantes agentes del mercado, ha puesto de manifiesto que el correcto uso de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) puede contribuir a reducir la nada despreciable cantidad de 7,8 billones de toneladas de CO2, lo que supone un 15% del total de emisiones que habrá sobre el Planeta en el año 2020, fecha tope, advierte el Instituto Worldwatch, para que las emisiones causantes del efecto invernadero comiencen a reducirse drásticamente.
Según este informe, sólo la sustitución física de productos por servicios virtuales ya reduciría en un 6% las emisiones de gases.
Ahora que la crisis capitalista ya no es una amenaza, sino un estado de ánimo, ha surgido un debate peliagudo sobre aplazar o no las políticas medioambientales, el desarrollo sostenible y la reducción de gases para priorizar la remontada de las economías. Sin embargo, esto sería un gravísimo error tanto desde el punto de vista humano como empresarial. Porque, como indica este estudio, además del coste medioambiental, la reducción de emisiones supone una reducción de costes para las empresas que se eleva hasta los 630 billones de euros, nada más y nada menos.
Anacronismo
En este contexto actual de crisis económica, energética y medioambiental, e inmersos en la revolución digital y multimedia, resulta anacrónico y contraproducente mantener niveles de consumo de papel innecesarios en una sociedad capaz de sustituir sin traumas la pasta de fibras vegetales por bytes. Ahorro en costes, aumento de la productividad, desarrollo sostenible, conservación de los recursos naturales... Las ventajas son muchas y los inconvenientes, sólo conceptuales.
Debemos aplaudir al Gobierno español por haber hecho desaparecer el Boletín Oficial del Estado (B.O.E.) en papel, sólo disponible en formato electrónico desde el 1 de enero de este año; un gesto que, además de los inequívocos beneficios para nuestro Planeta, debe tener también un carácter ejemplarizante para empresas e instituciones. Pero, sobremanera, este gesto debe ser entendido y calcado por los medios de comunicación que mantienen a tope sus publicaciones impresas.
Se acabó el debate papel vs digital, ya no hay margen para la prensa en papel, ya no debe haberlo.
Medios responsables
La sinergia digital pone contra las cuerdas a las publicaciones en papel (en Estados Unidos, los lectores de diarios ya consultan más las ediciones digitales que las impresas, y en España la tendencia es la misma); la galopante desaparición de los bosques pone contra las cuerdas a los medios impresos (el 17% de la fibra virgen utilizada por la industria papelera mundial procede de bosques primarios, especialmente de bosques boreales de Canadá, Finlandia y Rusia); los nativos digitales ponen contra las cuerdas a los rancios consumidores de papel (los escolares ya no fotocopian kilos de apuntes, les basta con un bolígrafo digital y un ordenador para compartir sus notas de clase)...
No hay margen, no hay, insisto, debate. La prensa en papel debe desaparecer o reducirse a la mínima producción. El formato electrónico debe suplantar de una vez al formato impreso, del cual, para los nostálgicos, se pueden crear alternativas, como publicaciones únicamente dominicales con contenidos donde el análisis sea el complemento idóneo de la semana informativa digital.
No vale excusarse en los usos y costumbres de los lectores; el Estado no lo ha hecho y ha liquidado el B.O.E. en papel; no deben hacerlo tampoco los medios, con recursos más que suficientes para la reconversión tecnológica y conceptual. Es más, son los propios medios los que deben asumir la responsabilidad de forzar el cambio, la reducción drástica del consumo de papel y el transvase de la letra impresa a bytes, obligando a los usuarios a desprenderse y a olvidarse de nocivas costumbres para nuestro Planeta como es el consumo desmedido e irresponsable de papel.
Los medios de comunicación deben estar al frente del tránsito hacia una sociedad menos dependiente de las fibras procedentes de bosques vírgenes, que proteja y respete los derechos de propiedad y usufructo de poblaciones locales, que maximice los materiales reciclados, que fomente la sostenibilidad y que proteja la biodiversidad.
Minimizar al máximo el consumo de papel es una responsabilidad de todos, y de los medios de comunicación, los primeros. Es irresponsable seguir manteniendo a una industria, la papelera, cuya actividad es una de las más perniciosas para nuestros ecosistemas, nuestra atmósfera y nuestra salud.
Hoy, el argumento de la necesidad social de periódicos, libros, cuadernos..., o excusas metafísicas como el encanto de la lectura en papel, están desfasados con las nuevas tecnologías a nuestro alcance e Internet y las redes móviles popularizadas.
Otro mundo es posible sin papel. Un mundo que vaticinó de aquí a no mucho tiempo ni más ni menos que el presidente de Microsoft, Steve Ballmer, en declaraciones a un grupo de periodistas del Washington Post, en junio de 2008:
"En diez años no quedará consumo de medios que no sean distribuidos por medio de una red IP. No habrá periódicos, ni revistas que sean entregadas en papel. Todo se consumirá en formato electrónico".
Estoy seguro de que Ballmer va a errar en su predicción, pero es deseable y necesario que para entonces el consumo de medios impresos sea algo anecdótico.